Estimado Sr.
Director: Para su posible publicación como COLABORACIÓN o CARTAS AL
DIRECTOR.
Adjuntado documento
Word. Agradeciéndoles anteriores publicaciones.
Mikel
Agirregabiria Agirre.
DNI 14.896.592 K.
Tel. 609419845C/
Gobela 6, 2º B. 48930 Getxo
(Bizkaia)
El
antropólogo aficionado encuentra un hábitat excepcional en las aglomeraciones
estivales de las costas arenosas.
La
mayoría de la gente va a la playa en verano con el único objetivo de descansar,
bañarse y tomar el sol. Pero los arenales ofrecen un espectáculo tan variado que
ni los circos de muchas pistas apenas podrían representar. Los grupos humanos
presentes en una aglomeración multitudinaria deben ser descritos por rasgos
diferenciadores. Una taxonomía de urgencia permite clasificar los siguientes
especimenes frecuentes en nuestros litorales veraniegos.
En
primer lugar, por cronología, están los conquistadores, gentes madrugadoras que
plantan todo tipo de cachivaches en los lugares más selectos para tomar posesión
posteriormente de sus tierras. Se valen de sombrillas viejas y sillas
desvencijadas, con la doble virtud de ser aparatosas e indignas de ser robadas.
Su esforzada labor matutina queda desvirtuada por el segundo colectivo, los vanguardistas. Estos llegan tarde, pero
son capaces de encontrar esa primera línea de playa, por delante de la
anterior primera línea
Entre tanto, llegan al lugar del desafío los palistas, gente que evidencia que, como
compensación a no haber dado en toda su vida un palo al agua, le dan a la pala
en medio del agua
y del resto de sus supuestos congéneres. Estos gremios
contrastan con los carbonizados,
bultos dormidos o entes semimuertos que permanecen inmóviles en decúbito supino
sobre una toalla achicharrándose y que, a media mañana, se dan la vuelta para
pasando a decúbito prono asegurarse una incineración por ambas
caras.
Entre
los itinerantes también se distinguen tipologías peculiares. Descontando a los
sembradores, de arena, esos niños
incontrolados que te garantizan arenisca en los ojos, pueden observarse las gastadoras, de playa, mujeres
caminantes compulsivas de distinta edad y condición que marchan a gran
velocidad, yendo y volviendo, no se sabe si para rebajar peso o para producir
más
arena. Tampoco es difícil detectar a los autistas, del teléfono móvil, que con
semejante excusa y a voz en grito nos deleitan con sus penas y su
inconmensurable
incultura. Sin agotar el elenco de especies playeras, no
podemos dejar de recoger en este primer catálogo a los minimalistas, que en el espacio
comprendido entre un parasol y la nevera portátil es capaz de concentrar a tres
generaciones de una misma familia, y a todos sus amigos y parientes de la
pedanía. Parece increíble el poder de tortillas y gaseosas, que -aliadas con un
sol de justicia- produce el perfecto modelo de familia unida en un solo metro
cuadrado de sombra.
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