Mi próximo coche
Mi próximo coche
Cuando cambie de automóvil, mi elección va a sorprender a todos.

He decidido optar por un gran vehículo que reúne todas las ventajas, en ciudad y carretera, aunque sólo los más perspicaces lo hemos advertido. Sus inmensas cualidades son las siguientes:
1ª Se aparca en cualquier lado, incluso encima de las aceras, y sin pagar OTA (no, no es una bici);
2ª Corre más que nadie por las autopistas (no, no es una moto);
3ª Tiene preferencia en todos los cruces e intersecciones (no, no es un gigantesco camión);
4ª Las rozaduras o accidentes no le afectan (no, no es un auto de choque);
5ª Nunca le ponen multas (no, no se trata de ir a caballo);
6ª No paga seguro, ni impuesto de circulación, ni nada (no, no es un taxi); y
7ª Es muy barato, de adquisición y de mantenimiento (no, no es caminar a pie)
Llegados a este punto, estoy dudando de si conviene descubrirles el secreto, no sea que acabe la ganga. Les dejaré sólo algunas pistas: Es grande, ruidoso, antiguo, desvencijado, lleva carteles, tiene muchos kilómetros y se compra de cuarta o quinta mano. ¿Lo pillan? ¿Más datos? Va abollado, lanza una humareda tóxica, se cruza y adelanta de cualquier manera, balanceándose por la mala suspensión, e impide caminar por sus sitios a los peatones. ¿Algo más? Estacionan en pasos de cebra, no les piden seguro y suelen conducirlos imberbes tan novatos como imprudentes, que nunca son sus propietarios. ¡Vale, lo diré! Me refiero a alguna destartalada furgoneta de reparto que, según parece, puede incumplir impunemente todos los códigos de circulación, de seguridad y de urbanidad.
Mikel Agirregabiria
Agirre
blog.agirregabiria.net
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